La esposa rebelde del rey alfa
Pude presenciar la escena desde lejos y estaba a punto de saltarse encima para arrancarle a mi luna de los brazos, cuando mi beta se hizo presente, e intervino con esa forma tan particular para hacerme entrar en razón.
–Señor, por favor espere, no debe hacer esto, tiene que ser un mal entendido.– Me aconsejó él.
–Déjame matarlo, Érick, nadie toca lo que me pertenece.– Gruñí completamente fuera de mis cabales.
–Alteza, la chica todavía no ha sido reclamada, usted no puede exigir nada todavía.–
–Soy el maldito rey alfa, y ella es mi mate.– Repliqué enfurecido.