La venganza de la prometida abandonada
El aire frío de la tarde nublada me recibió, y por primera vez, el miedo se mezcló con algo nuevo: poder.
Mientras caminaba hacia mi apartamento, pensé en Luciano, en su tarjeta, en su voz grave que había escuchado en el café. Por primera vez en años, supe que no estaba sola, y que la humillación que Adrián y Lucía habían sembrado en mi vida podía convertirse en algo más: en fuerza, en estrategia, en venganza.
El proyecto, mi trabajo, mi tiempo, mi esfuerzo… nada de eso volvería a estar en manos equivocadas.
Y por primera vez, sentí que podía empezar a luchar de verdad.