De la sombra a su luz
Lo miré con una frialdad gélida.
—Lo único que lamento es haberme quedado ciega en el pasado, ¡para fijarme en un hombre como tú! ¿Qué te hace pensar siquiera que yo regresaría contigo?
Damián intentó decir algo más, pero los guardias de seguridad que llegaron en ese momento lo sujetaron.
Vicente, que venía detrás, con la mirada heladora, pronunció lentamente estas palabras:
—Damián, qué gran valor tienes. Ya que vienes a entregarte solo, no me culpes por lo que viene.