El choque de la traición: entre la mentira y mi renacer
Vestida empapado de sangre, caí al suelo y pedí ayuda con voz apenas audible:
—Sálvame… salva a mi bebé…
La enfermera más cercana pareció percibirlo, y me lanzó una mirada fría, con una sonrisa burlona, se inclinó, dio unas palmaditas en mi vientre y dijo:
—Señora Luna, ya basta, ¿no? Si sigue así, esto deja de tener gracia, en el departamento todos saben que le tiene celos a la amiga del Emilio, no pensé que, estando embarazada, se atrevería a jugar con una vida. Aunque no piense en usted misma, al menos piense en su hijo, por intentar quitarle un hombre a otra, no vale la pena cargar con una muerte. Ahora lo más importante es que la señorita Medina esté bien; si no, con la relación de tant