Un matrimonio por venganza con el tio de mi ex
—Preciosa, no es que no me gustes, simplemente quiero que seas una mujer feliz, no puedo ser un maldito egoísta miserable.
Madison comenzó a bajar sus pantis lentamente, dejando su flor al descubierto, se paró frente a mí, sus ojos estaban fijos en los míos.
—Mírame bien Maximiliano, porque si de verdad no te gusto, si me alejo, desde que yo te guste y tú me ames, voy a estar ahí contigo, como lo jure en el altar, porque tú mi amor, me encantas, me fascinas hasta el último de tus huesos, no me importa que estes en una silla de ruedas o te falte una pierna, me sigues gustando.