A Solas Contigo
No exageró.
—Buenas noches, bienvenido a Prestige. Soy Amelia, ¿en qué puedo servirle? —dijo una rubia con pechos prominentes, cuerpo curvilíneo y piernas estilizadas, que se veían kilométricas gracias a los tacones altos que usaba. Sus ojos eran de un celeste claro impresionantes, y tenía una larga melena que le llegaba hasta la cintura. Usaba un vestido diseñado para seducir: negro, de escote corazón y falda corta, que se ajustaba a su cuerpo como un guante. Y aunque me pareció muy guapa, no despertó el menor interés en mí.