Rugido de Pasión
Valentino
Grité con desesperación, con el alma rota. Mi esposa… Maya estaba muerta, y no podía soportarlo. Hundí las manos en la tierra, apretándola con furia, como si al aferrarme a ella pudiera aferrarme a su vida.
—Señor Valentino… —Emilio se acercó a mí, intentando ayudarme, pero yo no quería que nadie me apartara de ella. No quería que nadie la tocara.