Nociva
La chica sacó un espejo pequeño de su bolso y un recipiente, luego se aplicó un poco de gel antibacterial en las manos y con mucho cuidado se sacó los pupilentes, dejando a la vista sus grises orbes.
—Si se trata de confianza mutua, entonces no hay que ocultar nada el uno del otro, ¿no? —dijo, haciendo que una emoción latiera en el pecho de Kian que no apartaba la vista de su rostro—. Mi verdadero nombre es Annika y soy polaca, pero te pido que me guardes el secreto y me digas Eridan frente a los demás. Confiaré en ti, Kian, pese a que es la segunda vez que te veo en mi vida y corro el gran riesgo de que seas un mentiroso, pero me generas una confianza que jamás había sentido con alguna otra