Conejita Fiu Fiu
—Ah... don José... Ayúdeme... Se aprovecharon de mí...
Una noche, mientras hacía guardia en la caseta de vigilancia, me encontré por sorpresa con la mujer más bella de la fábrica, que venía con la ropa desarreglada.
La mujer temblaba entre mis brazos mientras jadeaba, y me pidió que le sacara una cosa que tenía adentro.
La parte baja de su cuerpo, suave y al descubierto, se rozaba una y otra vez contra mi pantalón mientras yo le manoseaba el cuerpo y le abría las piernas.
Ese maravilloso espectáculo, que usualmente solo veía de noche a través de las cámaras de seguridad, ahora estaba frente a mis ojos.
—Deja de usar esa cosa; aquí tengo algo que te va a encantar, ¿lo quieres?