Padre de contrato
—No, no te preocupes — respondió Aurore.
—Dámelo— el apuesto hombre se acercó más, algo que incomodo a Aurore, pues lo único que los separaba era el bebe.
Mirándose a los ojos por un momento, Aurore y Benedict se sintieron atrapados por el otro, como si aquella llama que una vez estuvo viva en los corazones de la juventud de ambos, se reavivara, sin embargo, ninguno estaba listo para ello, pues aquello, se suponía, era solo un matrimonio por contrato que, en algún determinado momento, llegaría a su final.