La Esposa Falsa del Ídolo del Fútbol
Lucía cerró los ojos, intentando asimilar cada palabra que estaba derrumbando la imagen que había construido de su padre durante veintidós años.
—Tienes que saberlo, Lucía. Tu padre nunca se volvió a casar —añadió la tía Marisol—. Ricardo vivió solo. Me enteré por gente que lo conoce, ha vivido años sumido en la culpa, enviando dinero a escondidas, observando desde lejos sin atreverse a aparecer, porque estaba convencido de que, si volvía, solo les traería más problemas.
—¿Pero por qué ahora, tía? ¿Por qué recién ahora se atreve a aparecer?