La Psicología Del Buen Repegón
El camión rumbo a la universidad iba atascado de gente. A propósito, me pegué contra una estudiante de nuevo ingreso; se veía tiernita e inocente.
Llevaba una minifalda escolar. Se la levanté sin dudarlo para frotárselo contra su trasero jugoso.
Y para colmo, como venía de una familia pobre, su ropa interior tenía un agujero.
Justo cuando estaba a punto de entrar en su intimidad, me hice para atrás rápidamente.
Pero ella me agarró con fuerza, y dijo:
—¡Señor, empuje duro, no se suelte!