De Su Amor a Su Venganza
—Zoraida lo fulminó con la mirada, entre rabia y humillación.
—Solo quiero ayudarte —insistió él, confundido.
—¡No necesito tu ayuda! —ella rechinó los dientes.
—Pero fue culpa mía. Tengo que ayudarte.
—¡Te dije que no! ¿Eres sordo o qué?
La paciencia de Elías se quebró. ¿Por qué todos lo rechazaban cuando intentaba ayudar? Primero Sebastián, ahora Zoraida, ¿tan poco valía para ella, siendo su esposo aunque fuera solo de nombre?