Mi Jefe El Cornudo
Yo ya estaba listo para que me corrieran y, en lugar de eso, el jefe vino y me ofreció dinero, ¡y para que me cogiera a su esposa!
Mirando ese fajo de billetes, sentí como si estuviera viviendo un sueño.
Al verme dudar, el jefe no pudo disimular la incomodidad.
—¿Qué pasa? ¿No te parece bonita mi esposa?
—No, no, es que solo… —dije, agitando las manos. Pero el jefe me cortó a media frase.
—¿Solo qué?
—Fui al hospital a hacerme estudios y al parecer mi esperma no está bien, no puedo tener hijos. Mi esposa me acaba de comentar que tú estás fuerte, así que quiero que me hagas el favor y le des un hijo.
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