La obsesión de mi exesposo
pueda darse a la fuga sin su consentimiento.
—¡Un monstruo, eso es lo que es! —secundó Sofía, pegándole un manotazo al claxon para espabilar a un taxi que remoloneaba—. "Sigues siendo mi esposa"... ¡Pero qué audacia, qué pedazo de capullo pretencioso! Si se cree que puede secuestrarte legalmente después de haberte tratado como a un puto adorno de porcelana durante años, la lleva clara. Te lo juro, como vuelva a acercarse a ti, soy yo misma la que le parte la cara. Y el muy cabrón ni siquiera firmó los papeles... es asqueroso, Élo. Es un sabotaje puro y duro.
Elia cerró los ojos, pero el rostro de Rafael, deformado por la rabia, seguía grabado a fuego bajo sus párpados.
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