ENTRE EL AMOR Y EL ODIO
– Se gira para mirarla, sus ojos reflejando sus emociones.
– Eres ridículo, incapaz de aceptar que las personas no te amen. – Dice, dominada por la ira. – ¿Por qué te estás humillando? ¿Necesitas todo esto para estar cerca de mí? Entonces que así sea, pero escucha bien, cada vez que me toques, lo permitiré, pero ten en cuenta que mientras lo hagas, estaré pensando en otros. Ven aquí, bésame, y sabrás que estoy imaginando a Eduardo aquí conmigo. – Comienza a deslizar su mano por su cuerpo sensualmente. – Sus manos acariciándome como anoche, cuando me mantuvo despierta toda la noche. Fue tan excitante, Alex. Es un hombre increíble. Y hoy debería terminar la noche en su cama de nuevo, pero tení