EL DUELO DE NUESTRO AMOR
La mujer no supo que decir, aunque sabía la respuesta, no iba a negarse a aquello que Maximus quería acceder, el tiempo pasa, el dolor sigue, pero no puede detener el tiempo, entonces ella lo miró, ambos se perdieron en la mirada del otro.
Aquella noche la luz de la Luna los acogió, dos cuerpos que se entregan al amor de la manera más lenta posible dos cuerpos que vuelven a reconocerse después de mucho, las manos de él tocan cada centímetro de la piel de ella, él no perdía su toque encantador, la habitación se había llenado rápidamente de la fragancia del sexo entre hombres y mujeres, gemidos de placer, besos prolongados, mordidas, cuerpos sudorosos, cuando Julieta alcanzó el clímax al punto