La obsesión del italiano
Sus manos exploraban cada rincón, tocándome, apretándome, proporcionándome el máximo placer, mientras jadeaba mi nombre una y otra vez al entrar y salir de mi interior.
Envueltos por estas mantas negras, inmersos en un ambiente romántico y lleno de deseo, con una melodía sensual de fondo y nuestra cama cubierta de pétalos, nos entregamos una vez más. Tan rudo, tan salvaje, tan posesivo, así me tomó contra el colchón en diferentes posiciones, a su gusto y comodidad, mordiendo mi piel y arrancando gritos de mi garganta. Era como un demonio inyectando veneno en mis venas. Con ojos oscuros y siniestros, me tomó, me poseyó, demostrando que le pertenezco y que jamás podré salir de sus garras, las