Oscura Venganza - La Corona Maldita
Una sombra emergía desde lo más profundo de su alma, alimentada por el odio, la rabia y la necesidad de sobrevivir.
Shaya dejó de llorar. Su respiración seguía entrecortada, pero sus ojos, hinchados y rojos, brillaban con una determinación feroz. Esa noche había muerto la mujer sumisa que había amado a Santiago con devoción. Esa noche había nacido otra: una mujer capaz de hundirse en la sombra, de endurecer su corazón, de forjar su propio destino aunque tuviera que arrastrarse por la oscuridad para lograrlo.