S.I.X: La Obsesión del Mafioso
—rugió, levantándose de un salto, mientras su silla rozaba violentamente el piso.
—Sí, Marco.
Su voz era como agua fría sobre piedras calientes, firme, imperturbable, como si fuera completamente ajena a la furia asesina en sus ojos o a la manada de depredadores a su alrededor, salivando, a la espera de su señal para destrozarla.
—¿Tienes ganas de morir, Arabella? —Su voz bajó a un tono más peligroso que el de su grito.