Los Dedos Milagrosos del Doctor Vidal
Al ver las lágrimas en los ojos de mis padres, intuí lo que estaba por ocurrir.
Un segundo después, tal como sospechaba, Christian hincó una rodilla en el suelo. Alzó la mirada hacia mí y me miró con un amor sincero y desbordante.
—Julieta Miranda, cásate conmigo. Desde que te vi por primera vez, no he podido olvidarte.
No pude contener las lágrimas y le tendí la mano.
—Acepto.
Hubo un tiempo en que estuve cubierta de heridas de pies a cabeza. Aun así, nunca dejé de creer en el amor. Y tal como dijo, Christian me compró un anillo con un diamante enorme.