Niña Mala y Billonaria
—Puede ser, lo puedes tomar por ahí o, por ejemplo, lo que pasó hace una semana, ¿estabas predestinada a ganarte ese premio?
—Ya, bueno, pues verás —dijo, acodada en el espaldar del asiento y la cabeza apoyada en la mano—. Creo que sí hay un destino, pero que es como un código genético que, de acuerdo a lo que elegimos, puede o no activarse. Quizá sí estaba destinada a ganarme ese premio, pero yo habría podido levantarme en cualquier momento (sabías que solo me quedaban dos monedas, de un bol de mil) o pasarme a otra máquina y no quedarme empeñada en la misma, por algo más de tres horas, entonces, por mi decisión, no habría cumplido ese destino, pero, de alguna manera, puede que me hubiera g