Luxuria
Apaga el porro y acerca sus labios al hombro de la mocosa, ella no muestra nada, parece una m*****a estatua sin vida, sin rastro de nada como yo, no parece afectarle el hecho de que un mafioso le ponga una mano encima.
«Pero es virgen» me recuerda mi cabeza y me inclino sobre mi asiento para luego ponerme de pie.
—Palabra es palabra, mis hombres vendrán por ella en la mañana —suelto al tiempo que mis hombres se sitúan detrás de mi—. Que disfrutes lo que yo ya he disfrutado, como siempre.