El Secreto de mi Pecho: Bajo el Control del Magnate
Incluso hubo una subasta de cosas súper costosas e interesantes que ni siquiera sabía que existían, y Holden, para sorpresa de todos, y para mi horror absoluto, pujó por una antigua pero hermosa joya que había costado más que cualquier cosa que hubiera tenido en mi vida.
Por supuesto que la había ganado y todos, excepto por mi hermana, August y yo, lo felicitaron por aquello. Luego, el muy tonto me la puso en el cuello, completamente satisfecho con su compra, y me susurró en el oído:
—Un nuevo recuerdo con el que te quedarás, Godoy... No se aceptan devoluciones.
No supe si aquello era una promesa o una despedida adelantada.