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Cenizas de su engaño, ecos de mi verdad

Cenizas de su engaño, ecos de mi verdad

En mi vida anterior, Enzo Saletta me salvó del incendio y Chiara Bellini murió en mi lugar. Durante meses, él me cuidó como un esposo devoto, custodiando la puerta de mi habitación en el hospital, comprando regalos para nuestro hijo no nacido… Incluso, me dijo que nada de aquello había sido mi culpa. Y yo le creí… Hasta la noche después de dar a luz. Nuestro hijo dormía a mi lado y yo estaba demasiado débil para moverme, todavía adolorida por el parto, pero, durante un breve instante, creí que estábamos a salvo. Entonces olí el humo y, cuando intenté huir, comprobé, para mi pesar que… ¡la puerta no se abría! Al otro lado de la puerta cerrada con llave, oí la voz de Enzo: —Me arrebataste a Chiara. Ahora arde con tu hijo. Grité su nombre hasta que la garganta me sangró. Pero ni él ni nadie abrió la puerta, por lo que, sin poder hacer nada para evitarlo, las llamas nos devoraron a mi hijo recién nacido y a mí. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez dentro de aquel almacén en llamas, con cinco meses de embarazo, sintiendo cómo el humo impregnaba mis pulmones. Chiara seguía viva. Y, con eso presente… decidí que esa vez no llamaría a Enzo. Por el contrario, esperé hasta que él llegó y lo vi cargar primero con Chiara para sacarla de allí. Luego me arrastré sola entre el fuego, sangrando por un hijo al que él jamás tendría oportunidad de matar. Todos creyeron que yo había provocado el incendio. Todos me etiquetaron de celosa, cruel… demente. Pero habían olvidado algo. Antes de convertirme en la esposa de Enzo Saletta, yo era la mujer que ayudó a construir el sistema de seguridad de la familia Carmine. Chiara borró la grabación principal, pero no la mía.
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El Último Mes Sin Amo

El Último Mes Sin Amo

Este era el noveno año en que Dante y yo cumplíamos con el “Mes Sin Amo”. El heredero de la familia Corinni siempre había creído que esa regla absurda haría que lo nuestro durara más: durante un mes después de nuestro aniversario, él era libre… y nosotros desaparecíamos por completo de la vida del otro. Si alguno encontraba a alguien más adecuado, debía desearle lo mejor. Si no… simplemente volvíamos a lo de siempre, como si nada hubiera pasado. A mi alrededor, los hombres de la familia rociaban champán sin ningún control, riendo como si celebraran algo grandioso. —¡Por otro año de libertad! ¡Felicidades a nuestro subjefe por recuperar su estatus de soltero! —¡La apuesta de la familia está abierta! ¡A la izquierda si creen que aún se casarán, a la derecha si piensan que esta vez se terminó para siempre! A través del humo espeso de los puros, permanecía sentada en la esquina de un sofá de cuero, observando con frialdad, completamente ajena… como si aquella farsa no fuera conmigo. Dante pasó junto a mí con naturalidad, su mano firmemente apoyada en la cintura de Scarlett. Ni siquiera se detuvo; solo inclinó ligeramente la cabeza al rozarme, lo suficiente para dejar caer un susurro en mi oído: —No te hagas ilusiones… Siempre serás mi única Donna. "Soy una cometa… No importa qué tan lejos vuele, la cuerda siempre la tienes tú", pensó Aurora. Apoyé mis dedos fríos sobre la suave curva de mi vientre, manteniendo el rostro completamente inexpresivo. Dante… esta vez, en la mesa de apuestas de la familia, voy a apostar por “el final”. Voy a desaparecer por completo de tu mundo. "Esa cuerda de la que estás tan orgulloso… esta noche, la voy a cortar yo misma", pensó Aurora.
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Solo El Plomo Florece

Solo El Plomo Florece

Llevaba tres años casada con Alexander. Todo el mundo le temía por su crueldad, pero conmigo siempre había sido muy tierno. Sin embargo, todo cambió hace seis meses, cuando Elena recibió un balazo por él durante una balacera. Alexander siempre decía que ella fue herida por salvarle la vida, así que yo tenía que ser comprensiva. En la gala más prestigiosa de la familia, mi esposo, el Don, Alexander, llegó del brazo de su asistente, Elena. Llevaba prendido al pecho el broche de rubí que simbolizaba la posición de la Donna de la familia. —Elena recibió un balazo por mí. Le gustó el broche, así que se lo presté por un tiempo. De todas formas, tú eres la única Donna aquí. Trata de tener algo de clase. No discutí con él. Me quité el anillo de bodas y saqué los papeles de divorcio. —Si tanto le gusta, que se lo quede. Incluyendo este lugar junto a ti. También renuncio a eso. Alexander firmó sin dudarlo, con una sonrisa arrogante. —¿Qué clase de jueguito manipulador estás inventando ahora? No eres más que una huérfana. Sin la protección de nuestra familia, no vas a durar ni tres días en Sicilia. Te doy una semana para que te arrepientas de esta estupidez. Luego no vengas llorando de rodillas. Saqué un celular satelital encriptado que no había usado en tres años. Alexander no sabía que, en realidad, yo era la hija menor de la familia mafiosa más antigua de Europa. Pero mi familia y la de Alexander siempre habían sido enemigas. Para casarme con él, me cambié el nombre e incluso corté toda relación con mi papá y mis hermanos. La llamada entró. Respiré hondo y susurré: —Papá, me arrepiento de lo que hice. Manda a alguien por mí en dos semanas.
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Renacida: Dejé al Don suplicando

Renacida: Dejé al Don suplicando

Los Vale dirigían la organización criminal más poderosa de Nueva York. Desde pequeñas fuimos reclutadas y entrenadas minuciosamente con un único y escalofriante objetivo: que una de nosotras ocupara el lugar de la futura esposa del jefe. Aunque ese título no era más que una fachada para ocultar la cruel realidad: la elegida se convertiría en su escudo, su arma y su protectora más leal. Alguien capaz de matar o dar la vida por él. Con el paso de los años, las demás fueron desapareciendo una tras otra, hasta que solo quedamos Elara Quinn y yo. Sin embargo, Elara fue asesinada en una misión secreta, llevándose consigo cualquier posibilidad. Terminé siendo la esposa de Adrián Vale por una simple y trágica razón: ya no quedaba nadie más que pudiera ocupar ese lugar. Había dado todo por él y lo amaba con toda mi alma. Creía ciegamente que Adrián también sentía lo mismo por mí... hasta que una bala atravesó mi pecho. Mientras agonizaba en el suelo, luchando por respirar, escuché su fría voz dirigiéndose a su asistente: —No la entierren en el panteón de los Vale. El lugar reservado junto al mío es para Elara. Esa frase lo decía todo. Ella ni siquiera había vivido lo suficiente como para casarse con él, pero ya tenía asegurado su sitio eterno a su lado, incluso después de muerte. Yo había recibido el balazo que debió haberlo matado, y aun así, mi sacrificio no bastaba para que me enterraran a su lado. A continuación, mis ojos se cerraron lentamente y, al volver a abrirlos, me encontré de pie en el gran salón, el día exacto en que los Vale anunciaron oficialmente a Adrián como su nuevo jefe. El día en que todo comenzó.
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El Elegido Se Convertirá En El Gran Padrino

El Elegido Se Convertirá En El Gran Padrino

Mi padre era el don de la familia Moretti y el padrino que gobernaba todo el imperio de la mafia. Mi madre, por su parte, era la jefa de la familia Carter y la presidenta de la Corporación Multinacional Carter. Ellos fueron quienes seleccionaron a dos prometidos para mí. El primero era Damian, el CEO de Aegis Corporation, reconocido a nivel mundial. El otro era Caesar, una figura formidable que controlaba todo el tráfico de armas clandestino. En el banquete de mi vigésimo cumpleaños, aquel a quien yo eligiera para casarme se convertiría en el nuevo padrino que gobernaría el imperio. Por eso, todos se quedaron en shock cuando, sin dudarlo, elegí a Caesar. —Elijo a Caesar —sentencié con firmeza, ignorando los murmullos de la multitud. Yo había amado profundamente a Damian desde que era una niña, tanto que, incluso, había llegado a jurar que solo me casaría con él. Sin embargo, lo que nadie sabía era que yo había regresado del futuro. En mi vida pasada, me había casado con Damian tal como deseaba. Sin embargo, en nuestra noche de bodas, él me traicionó con mi propia sirvienta. Más tarde, mi familia se enteró y la despidió, echándola de la casa sin contemplaciones. Motivo por el que Damian me guardó un profundo rencor. Meses más tarde, luego de que quedé embarazada, traía a mujeres diferentes a casa cada noche y se acostaba con ellas justo frente a mí. Incluso el día que luchaba en un parto difícil, él desvió todos los recursos médicos para dejarme desamparada. Ignorando mis súplicas, provocó que yo y mi hijo no nacido sufriéramos y muriéramos en una agonía insoportable. Habiendo regresado al pasado, decidí concederle su libertad. Por esto, sin pensarlo dos veces, elegí a mi otro prometido, Caesar. Pero lo que nunca esperé fue descubrir que Damian... también había renacido.
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Mi Desamor Ideal

Mi Desamor Ideal

El día que Olivia Muñoz y Adrián Vargas cumplían cinco años de casados, Paulina Castillo regresó al país. Esa misma noche,Olivia descubrió a su esposo en el baño, entregado a sí mismo mientras gemía el nombre de su exnovia. Así que esa era la razón por la que Adrián no la había tocado en cinco años de matrimonio. —Pobre Pau, regresó sola y la está pasando mal —se justificó él—, solo la estoy ayudando como amigo. —Entiendo. —Le prometí a Pau que la acompañaría a la playa por su cumpleaños —insistió en otra ocasión—, solo estoy cumpliendo una vieja promesa. —Está bien. —Para esta cena necesito una acompañante que esté a la altura, y Pau es más adecuada que tú. —Ajá, ve. Cuando ella dejó de enojarse, de llorar y de hacer dramas, a él le pareció extraño y le preguntó: —¿Por qué no te enojas? Por supuesto que ya no se enojaba, porque ella también estaba a punto de irse. Harta de un matrimonio estancado y sin vida, había mejorado su idioma en secreto, aprobado sus exámenes y enviado solicitudes para estudiar en el extranjero. El día que le aprobaron la visa, le aventó los papeles del divorcio. —No seas ridícula —se burló Adrián—, si me dejas, ¿cómo vas a sobrevivir? Dio media vuelta, se compró un boleto de avión y se fue, cortando toda comunicación. La siguiente vez que él supo de ella fue por un video que se hizo viral en redes: llevaba un vestido rojo espectacular y bailaba apasionadamente en el extranjero... Adrián se puso furioso. —Aunque te vayas al fin del mundo, ¡te voy a traer de vuelta!
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Ericka Lu Vargas Hernandez
alguien me puede decir en qué capítulo se despierta ... que historia más aburrida ,la leía todos los días,y ya he perdido no se cuántos capítulos,saltando solo dormida pasa,enserio hay personas que se crean algo así?osea es una historia Pero los lectores no somos ingenuos. parece que no le importamos
Cindy Xamira Rios Moreno
340 capitulos y todavía están casados......??!! por favor......!! qué más largas le das a el divorcio y, que Olivia empiece a vivir su amor con Julián y,que el hpta del Adrián se de cuenta que cambió un diamante por vidrio; a veces los lectores nos cansamos cuando le dan tantas vueltas a una cosa🫩......
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Adiós al Alfa: El secreto que me llevé

Adiós al Alfa: El secreto que me llevé

Mientras crecía, mi madre siempre me decía: elige a tu compañero destinado. De lo contrario, terminarás traicionada. Pero yo estaba convencida de que Lennox era diferente. Después de todo, él estaba dispuesto a renunciar a su puesto como Alfa por mí. Así que renuncié a mi propio compañero destinado por él. Incluso casi morí salvándole la vida, y las heridas dejaron a mi loba dormida para siempre. Pero apenas dos años después, los rumores sobre él y una Omega llamada Alice estaban por todas partes. Y como mi loba estaba dormida, no podía sentir nada. No descubrí que él había roto nuestros votos hasta que Alice apareció en mi puerta con una prueba de embarazo. Toda la Manada Stonebrook se reía de mí a mis espaldas. Lennox cayó de rodillas, con los ojos rojos e hinchados. —Lo siento. Estaba borracho esa noche. Haré que interrumpa el embarazo. Te lo juro. Miré a nuestro hijo de un año, que llevaba en brazos. Asentí y lo perdoné… solo esa vez. Después de eso, se portó bien. Fue atento, cariñoso, dedicado… hasta que un día, cinco años después, fui al gimnasio. Una joven en la máquina de al lado se estaba quejando. —Después de tener un bebé, todo allá abajo queda tan flojo… De verdad necesito hacer algo para ajustarlo. Ni siquiera me molesté en mirarle la cara. Solté una risa baja y empecé a marcharme. Entonces sonó su teléfono. Ella contestó con una voz coqueta y provocadora. —Entonces, Alfa Lennox, ¿cuándo vas a terminar por fin con esa mujer? Está vieja y perdió a su loba. ¿Acaso todavía puede satisfacerte? —Claro que no. Te extraño muchísimo, bebé. Me quedé paralizada a mitad de un paso al escuchar su voz.
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La Última Noche de mi Hermana

La Última Noche de mi Hermana

En la familia Valenti, naces con un chip. Lo tienes metido en el biorreloj de tu muñeca y la pantalla marca la cuenta regresiva de tu vida. Todos veían cómo se consumían los números en el reloj de mi hermana y en el mío... Ella iba a morir cuando cumpliera los dieciocho. Por eso Vivian se convirtió en la princesa intocable de nuestra sádica realidad. Cada vestido bordado con diamantes era para ella. Las joyas más exóticas le pertenecían. Hasta el último rastro de humanidad de papá era suyo; ese único destello de calidez que solo mostraba después de enfundar su arma. Yo le tenía lástima. Su tiempo se acababa. Pero, por Dios, cómo la envidiaba. Tenía todo lo que yo nunca tuve: el amor de mis papás. Luego llegó la noche de su cumpleaños. Mis papás tenían miedo de que yo armara un berrinche y desatara la furia del Capo de alguna familia aliada. Así que me encerraron en el sótano. Húmedo. Helado. Mientras una fiebre mortal me consumía por dentro. Golpeé la pesada puerta de roble con los puños. —¡Mamá, por favor! ¡Déjame salir! —supliqué con la voz rota—. ¡Estoy volando en fiebre! Me va a estallar la cabeza... Del otro lado, la voz de mi mamá cortó el aire como una trampa de acero. —¡Ya basta, Sienna! Hoy es el cumpleaños dieciocho de tu hermana. ¡Su último día de vida! Deja el show. ¿Es que no puedes aguantarte por el honor de la familia? —Pero de verdad estoy enferma... —balbuceé. El taconeo se alejó por el pasillo hasta desaparecer por completo. Después de eso, la oscuridad me devoró. Y en mi muñeca, el reloj emitió el destello de una alerta crítica. ALERTA CRÍTICA: Incongruencia en signos vitales. Datos del chip vinculado incompatibles. Por favor, verifique al usuario.
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El símbolo sexual que el Don nunca podrá tener

El símbolo sexual que el Don nunca podrá tener

Mi figura siempre atrae miradas adondequiera que vaya. Mis ojos, intensos y penetrantes, tienen esa extraña capacidad de desarmar a cualquiera que se cruce en mi camino. En Hollywood me consideran uno de los mayores símbolos de belleza y sensualidad. Sin embargo, después de cinco años viviendo en esta ciudad, ningún productor se ha atrevido siquiera a acercarse a mí. La razón es simple: el hombre que comparte mi cama es Don Vincenzo, el jefe más temido y despiadado de la mafia de Nueva York. Pasé siete años a su lado y, durante todo ese tiempo, me hizo creer que era especial. Después de cada encuentro, cuando por fin recuperábamos el aliento, me envolvía entre sus brazos, me besaba con devoción absoluta y me llevaba al baño para borrar con delicadeza cualquier rastro de la pasión que acabábamos de compartir. ¡Qué ingenua fui al pensar que sería la única mujer de su vida y que algún día llegaría a ser su Donna! Todo cambió la noche de mi cumpleaños número veintiocho. Después de la cena familiar, lo escuché hablar de mí y reírse con uno de sus hombres de confianza. —Chloe sirve para pasar el rato, pero mi Donna tiene que ser alguien diferente. En ese instante, arranqué de mi pecho el corazón frágil que había creído en cada una de sus promesas y decidí convertirme en lo que él, aparentemente, deseaba: una amante perfecta, una mujer interesada únicamente en su dinero. Pero, para mi sorpresa, ni siquiera eso fue suficiente para Vincenzo. Sus ojos oscuros y penetrantes se clavaron en los míos. —¿De verdad no quieres nada más de mí, además de un penthouse en Manhattan? Deslicé suavemente los brazos alrededor de su cuello y fingí sorpresa. —¿Me estás diciendo que también puedo pedirte un Ferrari?
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El Castigo del Don

El Castigo del Don

A medida que se acercaba mi fecha de parto, salió a la luz una discrepancia enorme en las cuentas de armas de la familia Galante. Por esto el mando tomó una decisión rápida: me enviaron a mí, Sophia Vitale, la esposa del Don —esa mujer que todos decían que no tenía nada mejor que hacer—, para inspeccionar de manera personal el arsenal y verificar el inventario. Yo creí que era una revisión de rutina. Por lo que nunca imaginé que la ahijada de mi esposo, Mónica Leona, lo usaría como tapadera para volar todo el arsenal por los aires. La explosión fue ensordecedora. El fuego rasgó el cielo y el concreto se desplomó a mi alrededor, aplastándome, mientras un dolor abrasador me desgarraba el estómago. Sin embargo, contrario a lo esperable, no llamé a mi esposo por su línea privada de máxima prioridad, sino que, en cambio, envié una señal de auxilio a mi padre. En mi vida anterior, en el instante en que había ocurrido la explosión, yo había usado ese mismo canal prioritario para llamar a mi esposo. El bebé había sobrevivido y Mónica había muerto en la explosión. Mi esposo había dicho que no me culpaba, que Mónica era una extraña y que un heredero importaba más. No escatimó en gastos, contrató a especialistas obstétricos de élite para vigilarme día y noche, diciéndome que me mantuviera tranquila y esperara el parto. Luego, el día en que entré en labor, él mismo nos encerró a mí y al bebé dentro de un almacén abandonado, el cual empapó con gasolina y encendió, quemándonos vivos. —Si no hubieras retrasado todo a propósito, ella no habría muerto. ¿De verdad creíste que haciéndote la víctima ibas a engañarme? Ni lo sueñes —dijo—. ¿Tanto te gusta jugar con fuego? Bien. Entonces te dejaré vivir su desesperación en carne propia. Cuando volví a abrir los ojos, estaba de regreso en el arsenal, justo en el instante exacto antes de la explosión.
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