El amor no se puede forzar
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Con el inicio de las vacaciones de verano, regresó de su universidad en el extranjero mi hermano Julio, que venía más que nada a conocer a la famosa nueva hermanita: Carina.
Como en la vida pasada, a Julio le bastó una mirada para quedar completamente hechizado por Carina. Ella había preparado su escena a la perfección: un velo blanco cubriéndole los ojos, caminando a tientas por la sala como una cieguita perdida, hasta “accidentalmente” caer en brazos de Julio.
Se sonrojó, temblando como flor mojada.