Cenizas de un amor roto
Lotus no quería que se fuera, pero él fue paciente:
—Mi loquita, voy a celebrar con mi novia y mañana te llevo de viaje.
A la mañana siguiente, mientras yo seguía dormida, Everett se llevó a Lotus en su jet privado, con el mejor equipo médico, rumbo a una isla que yo siempre había querido conocer.
Todo eso, solo porque Lotus le dijo:
—Everett, quiero un café de la tienda de esa isla, pero no hacen entregas desde tan lejos.
Y él no lo dudó. Me dejó tirada como un trapo sucio, enferma y con mucho dolor, solo para comprarle un simple café. Todo ese amor que antes me daba a mí, ahora solo se lo brindaba a Lotus.