Promesa rota: el amor que nunca llegó
—Eres mi compañera para comer, para viajar, para hacer amor…
Sus palabras me golpearon como un mazazo, dejándome helada. Frente a la sonrisa de Marcelo, solo intenté devolvérsela con una mía débil y quebrada.
Él continuó: —Además, hasta sé qué ropa interior te vas a poner cada día.
—Qué aburrido.
—A veces me despierto en medio de la noche, te veo a mi lado y me da un poco de miedo.