Share

La novia que enterraron
La novia que enterraron
Penulis: Emma

Capítulo 1

Penulis: Emma
last update Tanggal publikasi: 2026-09-27 15:08:54

​En una noche oscura y apacible, la luna permanecía oculta tras las nubes. Al final de la calle se erigía un almacén abandonado. La luz parpadeante de un foco en la entrada proyectaba una sombra sobre dos autos estacionados afuera.

​Dentro de una de las oficinas bien iluminadas del almacén abandonado, varios hombres de aspecto peligroso rodeaban a una belleza inconsciente, atada a una silla.

​Uno de ellos, un hombre robusto de aspecto rudo, cabello grasiento y un feo bigote, hablaba por teléfono con alguien. Sus ojos hambrientos devoraban a la hermosa mujer frente a él mientras contemplaba el tentador escote de la joven con los ojos vendados.

​—Jefe, la tenemos. Acabo de enviarle las fotos que me pidió. ¿Quiere que juguemos un poco con ella antes de que llegue?

​—Mmm... —Hubo una breve pausa antes de que el interlocutor al otro lado dijera—: No veo ningún problema en hacerlo. Ya es suya. Pero manténla cómoda hasta que me reúna con ustedes. Quiero hablar con ella.

​—¿Y qué hay de mi saldo pendiente?

​—Ya te lo envié, con un bono por un trabajo bien hecho.

​El teléfono del hombre sonó dos veces, indicando que acababa de recibir un nuevo mensaje. Abrió el mensaje rápidamente y una sonrisa de satisfacción se formó en sus labios.

​—Recibido. Gracias, jefe.

​—Nos vemos pronto.

​La línea se cortó.

​El hombre guardó lentamente su teléfono, y sus ojos hambrientos volvieron a fijarse en la bella dama sentada ante él. Salvo por el moretón en su frente, estaba sencillamente perfecta con ese tentador vestido corto de lentejuelas. La imaginó desnuda en su mente, sintiendo una punzada de deseo en la entrepierna.

​—Muchachos, tómense diez minutos... —ordenó el hombre, haciendo un gesto despectivo a sus secuaces.

​—Claro que sí, jefe.

​Los otros hombres corpulentos intercambiaron miradas cómplices mientras dejaban a su jefe a solas, deseando cada uno poder probar a la hermosa dama cuando él terminara.

​—Puedes dejar de fingir, muñequita. Sé que estás despierta.

​¡Mierda!, Sophia se mordió el labio por dentro, maldiciendo su mala suerte. Había estado fingiendo estar inconsciente solo para reunir suficiente información sobre quién era el responsable del secuestro y por qué. Pero hasta ahora no había conseguido nada.

​—¿Qué quieren de mí? —preguntó Sophia, aunque la pregunta sonaba absurda.

​—Lo que todos los hombres quieren, cariño —una sonrisa maliciosa se curvó lentamente en los labios del hombre mientras sacaba la pistola de la funda de su cinturón y la guardaba en otro lado.

​—Eres una dama muy bonita y de verdad me rompe el corazón verte sufrir de esta manera.

​—¿Entonces por qué no te comportas como un caballero y me sueltas? Estoy segura de que tú y yo podemos llegar a un acuerdo —Sophia le siguió el juego, con la esperanza de que el hombre cayera en sus encantos.

​—Tentador, pero no, cariño. A mí me gustan mis chicas atadas.

​Sophia apretó la mandíbula, luchando contra la gruesa cuerda que le sujetaba las manos. Todos sus sentidos estaban alerta, excepto la vista.

​—Supongo que te gustaría algo de intimidad —el hombre se chasqueó los labios mientras se acercaba lentamente a ella. Sus ojos hambrientos bajaron por el vestido corto, deteniéndose en sus muslos al descubierto.

​—Claro —se burló Sophia, sintiendo que sus alarmas sonaban en rojo.

​—Tan perfecta y qué desperdicio —sacó una navaja de bolsillo, haciéndola girar de un lado a otro.

​Sophia podía sentir el corazón latiéndole en la boca mientras se preguntaba qué planeaba hacer ese hombre. Podía oír el arrastrar de sus pies y el silbido de la navaja en el aire.

​—Sabes, tú y yo no somos tan diferentes después de todo. Ambos somos prisioneros encerrados en la misma habitación. Pero estoy seguro de que, después de que nos conozcamos mejor, no me tendrás miedo, mi linda conejita.

​¡Miedo! Sophia apretó el puño que tenía atado a la espalda, rechinando los dientes de rabia. Si tan solo pudiera liberar una de sus manos, le enseñaría a este imbécil de lo que era capaz una conejita asustada.

​—Dime, ¿quién te pagó para hacer esto? —el tono feroz de Sophia comenzó a temblar ligeramente al sentir la palma áspera del hombre posarse sobre su hombro descubierto. El olor acre a tabaco y su aliento a alcohol barato le produjeron náuseas en el estómago.

​—¿Qué diferencia haría, muñequita? —el hombre le acarició lentamente el esbelto cuello, trazando con la navaja la línea de su clavícula.

​Sophia se puso rígida y la rabia empezó a envenenarle las venas.

​—Puedo hacerte rico. Puedo cambiar tu vida. ¿Quieres dinero, oro, diamantes? Ponle precio. Lo triplicaré. Lo único que tienes que hacer es dejarme ir.

​—Mmm... —el hombre detuvo su mano vagabunda, fingiendo sopesar la oferta—. Un trato muy tentador. Pero sabes qué... —inclinó la cabeza cerca de su oído—: No hay cantidad de dinero que puedas darme a cambio de tu dulce y suculento...

​Sophia no esperó a que terminara la frase; simuló agachar la cabeza y, de repente, la lanzó hacia atrás con un golpe feroz.

​Sophia se sintió mareada después del impacto, y la cabeza le empezó a doler terriblemente.

​—¡Ah! —el hombre se tambaleó hacia atrás y la navaja de bolsillo se le cayó de la mano.

​Llevándose la mano a la nariz rota mientras miraba fijamente a Sophia, la visión de su propia sangre despertó al monstruo en él. Avanzó amenazante hacia ella.

​—¡Maldita perra! —el hombre enfurecido alzó la mano en el aire.

​Sophia inhaló profundamente, preparándose para el impacto mientras la palma áspera del hombre impactaba en su mejilla, dejándole una marca roja. Cayó de lado junto con la silla, lastimándose un brazo en el proceso. Pero entonces sus dedos tocaron algo afilado y lo agarró rápidamente.

​Riendo como alguien que ha perdido el juicio, Sophia escupió saliva ensangrentada.

​—¿Eso es todo lo que tienes, grandulón? —preguntó, aprovechando los pocos segundos de distracción para desatarse la mano—. Vamos, un niño de cinco años puede pegarle mejor que eso.

​—¿Eso crees? —el hombre enfurecido levantó a Sophia del suelo de forma brusca, sujetándola en su sitio.

​—Te voy a enseñar lo que un hombre de verdad puede hacerle a una gatita frágil —volvió a alzar la mano y la abofeteó una segunda y una tercera vez; el eco de la bofetada resonó en la habitación vacía—. ¿Quieres más, eh... perra?

​El rostro enrojecido de Sophia se desfiguró del dolor. Sentía como si le hubieran descolocado la mandíbula. Aunque no contaba con semejante nivel de dolor, finalmente logró su cometido de liberarse las manos.

​—Tengo dos palabras para ti, perdedor.

​—Sí... a ver, diles. —El hombre, sintiéndose superior, le gruñó a su víctima mientras se inclinaba para limpiarle la sangre que le salía de la nariz.

​—Muerde el polvo.

​En un movimiento rápido, Sophia le clavó la navaja de bolsillo directamente en la yugular.

​El hombre la soltó al instante, tambaleándose hacia atrás mientras se sujetaba el cuello perforado con ambas manos. Sus ojos desorbitados reflejaban sorpresa y horror mientras caía de rodillas.

​Sophia no perdió tiempo en quitarse la venda de los ojos y desatarse las piernas.

​—K... k... k... kk... —el hombre intentaba hablar.

​—¿K... k... qué, imbécil? —Sophia le propinó una patada feroz en la entrepierna, haciéndolo caer de lado mientras se desangraba lentamente hasta morir.

​Quitándose en silencio sus tacones de diseñador, hurgó en los bolsillos del hombre agonizante; la vista de tanta sangre le producía intensas náuseas.

​Tragando saliva, tomó las llaves del auto del hombre, su teléfono móvil y su billetera. También recogió el arma que estaba sobre la mesa, sin saber cuántos hombres esperaban al otro lado de la puerta.

​A medida que se acercaba lentamente a la única puerta de salida de la habitación, respiró hondo para calmar su corazón que latía desbocado. Escuchó con atención cualquier señal de movimiento o conversación. Al no oír nada, abrió la puerta despacio y se escurrió fuera de la habitación.

​Inspeccionando su entorno, se dio cuenta de que estaba en una especie de almacén de tintorería abandonado.

​Agarrando una de las prendas de hombre que colgaba de los ganchos, se puso rápidamente la camisa holgada para cubrir su cuerpo expuesto, antes de tomar la puerta de la salida trasera.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • La novia que enterraron   Capítulo 8

    Sophia se estremeció ante la ferocidad de su voz. Sin embargo, esto no le impidió hacer frente a sus temores. Se le rompía el corazón y el cuerpo le dolía enormemente mientras miraba con furia al hombre responsable de su miseria.​—¿Vas a negar que me mandaste secuestrar, torturar y casi matar?​—¡Qué! No te des tanta importancia, Sophia —dijo Kane entre dientes apretados—. No eres tan especial y yo no soy tan descuidado. Reserva tu rabia para quienes te traicionaron; estoy seguro de que vas a necesitar todas las fuerzas que tengas.​Con esas frías palabras, Kane se alejó de su lado y salió enfurecido de la habitación VIP, dando un portazo tan fuerte que hasta las bisagras se quejaron amargamente.​Minutos después, un grupo de médicos y enfermeras entró a la habitación VIP para examinar a Sophia.​Sophia sintió un gran alivio al ver esos rostros amables. No puso ninguna objeción mientras el médico jefe le examinaba los signos vitales, asegurándose de que estuviera sanando bien y no su

  • La novia que enterraron   Capítulo 7

    Una grieta profunda surcó la frente de Kane mientras se levantaba y abandonaba en silencio la habitación de Sophia, cerrando la puerta sin hacer ruido tras de sí.​—Estoy perfectamente bien, mamá. No tienes de qué preocuparte —dijo Kane, sustituyendo su aura inicialmente fría y despiadada por un tono suave y afectuoso al responderle con calma a su querida madre.​—¿Quién dice?​«Aquí vamos de nuevo». Kane se masajeó la frente con leve frustración, lamentando al instante no haberle dejado una nota de voz a su aprensiva madre.​—Kane Mitchell, ¿tengo que recordarte que eres el único hombre en mi vida? ¿Acaso pretendes abandonarme como lo hizo tu padre? Se suponía que regresarías a casa anoche después de tu viaje de cuatro días. Hice que los chefs prepararan tu plato favorito, pero nunca apareciste. Sin llamadas, sin mensajes de texto, sin nada. Me quedé despierta hasta tarde esperándote, muerta de miedo. Tu número no estaba disponible y, en un momento dado, lo apagaste. Llamé a Oliver y

  • La novia que enterraron   Capítulo 6

    Mientras Kane permanecía al lado de Sophia esperando pacientemente a que recuperara el conocimiento, Derek se convirtió en sus ojos y oídos en el mundo exterior del hospital.​Siguiendo las estrictas instrucciones de su jefe, Derek contrató los servicios de un equipo fantasma compuesto por un rastreador, un hacker y un cazador feroz.​Este letal equipo recibió dos datos fundamentales para llevar a cabo su misión: el número de matrícula del BMW en fuga y la ubicación del lugar del accidente. Financiados y dejados en libertad de acción, se lanzaron a la caza de los tres sospechosos criminales responsables del estado casi fatal de Sophia.​En cuestión de horas, el BMW abandonado fue rastreado hasta Redgate City, a 100 km al norte del condado de Preston.​Tras una investigación más profunda, el rastreador descubrió que no eran los únicos que buscaban a los criminales fugitivos. Otro grupo, igualmente bien financiado, estaba tras la pista de su objetivo.​Cambiando las tornas sobre los seg

  • La novia que enterraron   Capítulo 5

    Pensando que era Ryan, Nora corrió velozmente hacia su vestidor y escondió el teléfono. Luego se dirigió a toda prisa hacia su peinador, tomó su barra de mentol para lágrimas, se la aplicó debajo de los ojos y corrió de regreso a la cama, casi tropezando en el camino. Se arrojó sobre el colchón justo a tiempo cuando la perilla de la puerta giró.​—Vete, Ryan. Quiero estar sola —dijo Nora con voz fingidamente quebrada mientras la puerta se abría. Estaba de espaldas a la entrada, por lo que no pudo ver la sonrisa astuta que se dibujaba en el rostro de su madre.​—Te mereces un premio Óscar a la mejor actriz de Hollywood, cariño —la elogió Vivian tras cerrar la puerta y echar el cerrojo.​—Mamá... —Nora se giró de lado, un poco decepcionada al ver a su madre—. Pensé que era Ryan —se lamentó, bajando de la cama.​—Tenías que haber visto a ese cachorro enamorado a punto de correr tras de ti si no lo hubiera detenido.​Una fina sonrisa cruzó los labios de Nora mientras tomaba un pañuelo de

  • La novia que enterraron   Capítulo 4

    A la tía Diane se le cayó la mandíbula. Siempre supo que la anciana jamás había querido a su sobrina desde su nacimiento por el odio que guardaba hacia la madre de esta. Pero ahora Sophia estaba desaparecida y Vivian no había sido del todo sincera con sus afirmaciones. ¿Acaso no debería haber un mínimo de empatía?​—Madre, ¿cómo puedes decir algo así? —El ceño fruncido del senador Bennett se profundizó.​—¿Y por qué no lo haría, eh? Sophia es una niña mimada y tú eres la razón por la que estamos en este lío —arremetió la anciana.​—Madre, por favor —intentó suplicar Vivian mientras sonreía para sus adentros. Estaba agradecida de haberse ganado por fin a la anciana matriarca de su lado. ¿Quién decía que la paciencia no era una virtud?​—Sophia es un amor y Richard tiene razón —dijo Vivian, sosteniendo la mirada sombría de su esposo—. No debí decir todas esas cosas. Fue insensible de mi parte.​—¿Más bien realista, si me preguntas a mí? Y no supliques en su nombre, nuerita. Si él puede

  • La novia que enterraron   Capítulo 3

    Dentro del amplio salón principal, algunos miembros de la familia, vestidos ya con ostentación para la ocasión, se sentaban en pequeños grupos cuchicheando entre sí.​—¿Dónde está la novia? —era la pregunta en boca de todos.​Mientras algunos parientes lejanos hacían un esfuerzo activo por obtener información sobre la desaparecida Sophia, otros simplemente se regocijaban en su repentina ausencia, haciendo suposiciones y falsas acusaciones.​Se veía a varios hombres con trajes negros de vestir, que resultaban ser detectives, desplazándose de un lado a otro, hablando con distintos miembros de la familia y recopilando información.​—Papá, ¿qué vamos a hacer? —Nora no podía contener las lágrimas que brotaban de sus ojos enrojecidos—. Han pasado más de catorce horas desde la última vez que vi a Sophia. Tengo mucho miedo.​El acongojado padre estrechó a su segunda hija entre sus brazos.​—No lo tengas, mi amor. Tu hermana aparecerá. Mantengamos la fe.​—¿Y si...​—Chist... nada de «y si».​

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status