LOGINPERHATIAN Dark Romance Adult Mengandung Adegan Dewasa Sejak pertama kali melihat Selena, Matthias merasa ada sesuatu yang tak bisa dijelaskan. Tak peduli seberapa keras dia berusaha, matanya selalu tertuju pada sosok Selena. Entah itu saat dia melihatnya sebagai bayi yang lucu, seorang anak kecil periang, gadis remaja yang penuh semangat, atau kini sebagai wanita dewasa yang menawan. Matthias sudah melakukan segala cara untuk meredamkan ketertarikannya yang tidak normal pada Selena. Sampai akhirnya, dia tidak bisa menghentikan dirinya lagi ketika keinginan untuk mengikat wanita itu dan menjadikan miliknya semakin kuat dan tidak bisa tertahankan. Matthias mendambakan Selena, nona muda sempurna yang tak mengenal bahayanya dunia # Sangat disarankan membaca Series I : Wanita Incaran Sang Billionaire
View MoreQuince días después de encontrar a Akim Karsavin cubierto de sangre en sus tierras, Diana estaba sentada a su lado firmando un acta de matrimonio.
La idea seguía pareciéndole absurda incluso con la pluma entre los dedos.
El funcionario esperaba frente a ellos con la expresión neutra de quien había visto demasiadas parejas pasar por el mismo escritorio como para interesarse demasiado por una más. No había flores, familiares ni fotografías. Solo papeles, dos testigos elegidos por Akim y un acuerdo que ambos habían revisado hasta dejar muy poco librado al azar.
Akim firmó primero.
Lo hizo sin vacilar, inclinado apenas sobre el escritorio. Todavía no estaba completamente recuperado y Diana podía reconocerlo en detalles que probablemente los demás no percibían: la rigidez al cambiar de posición, la forma en que protegía el costado antes de incorporarse y aquella pausa breve que hacía cuando un movimiento le exigía demasiado.
Vestido con pantalón oscuro, camisa blanca y saco negro, resultaba difícil relacionarlo con el hombre ensangrentado que ella había arrastrado hasta una camioneta apenas dos semanas atrás.
El cabello rubio estaba perfectamente acomodado y la ropa escondía casi todos sus tatuajes. Una pequeña parte asomaba junto a la muñeca cuando le extendió la pluma.
—Su turno.
Diana la tomó y bajó la vista hacia el documento.
—Lo sé. Solo quiero asegurarme de no descubrir mañana que también le entregué una vaca, dos caballos y la mitad de la casa.
Una sombra de diversión cruzó por los ojos claros de Akim.
—Rancho es suyo. Todo.
No era una promesa improvisada. Estaba escrito.
La deuda que amenazaba con quitarle la propiedad ya había sido pagada por completo dos días antes. Diana había visto el comprobante, había hablado con el banco y había pedido confirmación más de una vez antes de permitirse creerlo. Ya nadie podía ejecutar sus tierras ni obligarla a considerar una oferta de compra.
A cambio, ella estaba allí.
Miró el espacio destinado a su firma.
“Diana Aresti”
Conservaría su apellido. Esa había sido una de sus condiciones, igual que mantener las cuentas separadas y dejar establecido que Akim no tendría ningún derecho sobre el rancho por haberse casado con ella.
—¿Se encuentra bien? —preguntó el funcionario, inclinándose ligeramente al notar que todavía no firmaba.
Diana levantó la vista.
—Perfectamente. Solo estoy leyendo una última vez.
El hombre sonrió con discreción.
—Puede tomarse el tiempo que necesite.
Akim no intervino. Diana se lo agradeció. No le recordó lo que había pagado ni señaló que ya había cumplido su parte antes de que ella cumpliera la suya. Simplemente esperó.
Eso había hecho durante toda la negociación.
Había ofrecido un trato, había respondido las preguntas que consideraba necesarias y había aceptado cada condición que protegiera la propiedad de Diana. Nunca intentó fingir que aquello era otra cosa.
Ella volvió a mirar su firma.
“Akim Karsavin”
Solo habían hecho falta quince días para pasar de creer que tenía un cadáver dentro de su propiedad a sentarse junto a ese hombre mientras el Estado los convertía en marido y mujer.
Soltó el aire despacio y firmó.
El funcionario revisó ambas firmas y continuó con el procedimiento. Los testigos ocuparon su lugar cuando correspondía, firmaron y volvieron a apartarse. Ninguno sonrió ni hizo comentarios. Todo era tan frío y administrativo como Diana había querido que fuera.
Podía manejar un contrato.
Lo que no necesitaba era gente fingiendo que aquello era una boda.
—Con las formalidades cumplidas y las declaraciones realizadas por ambas partes, el matrimonio queda legalmente registrado desde este momento —anunció finalmente el funcionario.
La frase fue sencilla, pero Diana sintió una presión extraña en el pecho.
El hombre continuó explicando detalles sobre la documentación. Ella escuchó lo suficiente para asentir cuando correspondía y recibió su copia cuando se la entregaron.
—Felicitaciones.
—Gracias.
Akim inclinó la cabeza.
—Gracias.
No hubo beso, abrazo, ni manos entrelazadas.
El funcionario pareció registrar la ausencia de cualquier gesto afectuoso, aunque tuvo la educación de no comentarlo. Guardó los documentos restantes y dio por terminado el trámite.
Diana se puso de pie.
Akim tardó apenas un segundo más. Apoyó una mano sobre la mesa y la tensión que le cruzó el rostro fue tan breve que cualquiera podía haberla pasado por alto.
Ella no.
—Todavía le duele.
Akim acomodó el saco antes de mirarla.
—Menos.
—Eso no significa que esté recuperado.
—Médico dice lo mismo.
Diana recogió la carpeta.
—Tal vez porque el médico y yo tenemos ojos.
La boca de Akim se curvó apenas.
—Ahora esposa también opina.
—No se acostumbre.
Él la observó durante un instante y abrió la puerta para dejarla pasar.
—No habrá tiempo.
Diana se detuvo en el pasillo y volvió la cabeza.
—¿Para qué?
Akim salió detrás de ella.
—Para acostumbrar.
La respuesta le recordó algo que, por un momento, el acta de matrimonio había conseguido volver extraño: aquella ceremonia no iniciaba una convivencia,la terminaba.
Salieron del edificio y caminaron hacia el estacionamiento. Los dos testigos se dirigieron hacia un vehículo negro. Diana había llegado en su camioneta y Akim partiría con sus hombres.
No regresarían juntos al rancho.
Eso también estaba decidido.
Diana dejó la carpeta sobre el asiento de su vehículo y cerró la puerta sin subir todavía.
—Hace quince días pensé que estaba muerto.
Akim se quedó frente a ella.
—Yo también.
Diana arqueó las cejas, sorprendida.
—No esperaba que lo admitiera con tanta tranquilidad.
—No recuerdo mucho.
Ella sí. La sangre sobre la tierra, el peso casi imposible de mover, el arma escondida, el dinero dentro de su chaqueta y aquella voz rota negándose a ir a un hospital.
—Supongo que ninguno imaginó terminar aquí.
Akim miró brevemente hacia el edificio del registro civil.
—No.
La respuesta fue tan simple que Diana sonrió.
—Por una vez estamos completamente de acuerdo.
El silencio que siguió no resultó incómodo. No tenían nada que despedir porque nunca habían construido realmente algo juntos.
Akim señaló la carpeta dentro de la camioneta.
—Banco ya confirmó.
—Tres veces. Creo que la mujer terminó odiándome, pero necesitaba escuchar que la deuda estaba cancelada.
—Está pagada completa.
Diana asintió. Todavía le costaba pronunciar aquella realidad sin sentir que algo podía cambiar de repente.
—Lo sé, cumplió exactamente lo que prometió.
Akim sostuvo su mirada.
—Usted también.
Era verdad. Ya estaban casados.
El resto del acuerdo era bastante sencillo: mientras Akim necesitara el matrimonio para consolidar su permanencia legal en el país, seguirían casados. Cuando pudiera permanecer sin depender de ella, sus abogados iniciarían el divorcio.
Diana no tendría que perseguirlo ni buscarlo.
—Entonces supongo que aquí nos separamos.
—Sí.
—¿Tiene idea de cuánto tiempo tardará lo suyo?
Akim negó ligeramente.
—No exacto. Cuando pueda quedarme solo, abogados contactan con usted. Envían petición de divorcio al rancho.
—Perfecto.
Diana apoyó una mano sobre la puerta de la camioneta.
Akim la observó unos segundos antes de hablar.
—No volveremos a vernos.
Ella no supo si lo decía para tranquilizarla o simplemente porque esa era la lógica del trato.
—Eso espero.
No hubo crueldad en la respuesta. Apenas sinceridad.
Akim pareció comprenderlo así.
—Mejor para los dos.
Diana sonrió ligeramente.
—Sobre todo para mí. La última vez que apareció en mi vida tuve que levantarlo del suelo y llamar primero a un veterinario.
Una risa baja salió de Akim antes de que pudiera contenerla.
—No planeo repetir.
—Le agradecería que cumpliera también esa promesa.
Uno de los hombres de Akim se acercó, pero se detuvo a cierta distancia al notar que todavía hablaban.
Diana abrió la puerta.
—Supongo que debería decirle que tenga una buena vida.
Akim la miró con aquella expresión difícil de leer que había aprendido a reconocer durante los días de recuperación en el rancho.
—Usted también, Diana.
Ella subió a la camioneta.
Antes de cerrar, Akim apoyó una mano sobre el borde de la puerta.
—Una cosa.
Diana esperó.
—Si tiene problema con rancho, llame al número de abogado.
Ella negó despacio.
—La deuda está pagada. El resto es mío.
Akim retiró la mano.
—Como quiera.
No insistió. Eso le gustó.
Diana puso el motor en marcha. Por el espejo vio a Akim caminar hacia el vehículo negro con la misma cautela que intentaba disimular desde que salieron del edificio.
No sintió tristeza. Tampoco alivio completo.
Había salvado el rancho a cambio de una firma y acababa de despedirse del hombre que, legalmente, era su esposo.
Pronto sería apenas un nombre en unos documentos.
Y cuando los abogados de Akim consideraran que había llegado el momento, también dejaría de ser eso.
Diana tomó el camino hacia el rancho sin volver a mirar atrás.
Estaba convencida de que jamás volvería a ver al ruso Akim Karsavin.
Selena berdiri di depan ruang ganti, tangannya masih terlipat di dada. Ia bisa mendengar Matthias bergerak di dalam, mungkin sedang mengganti pakaiannya.“Matthias?” suaranya terdengar lebih lembut dari biasanya.Dari dalam terdengar suara Matthias. “Hm?”Selena menekan senyumannya. “Aku masuk.”Ia tidak menunggu jawaban sebelum membuka pintu dan menyelinap masuk.Matthias, yang hanya mengenakan kemeja putih yang belum dikancingkan sepenuhnya, menatapnya dengan satu alis terangkat. “Tidak sabar melihatku, huh?”Selena tidak menggubris godaannya. Ia melangkah mendekat dan dengan santai melingkarkan dasi di leher Matthias, menariknya sedikit hingga wajah mereka lebih dekat.Matthias tampak sedikit terkejut, tapi kemudian seringai itu kembali muncul. “Oh? Sekarang kau ingin membantuku berpakaian?”Selena tersenyum manis, tapi matanya penuh niat jahat. “Tentu saja&rd
Pernikahan itu berjalan begitu cepat—tanpa pidato panjang, tanpa perayaan meriah, hanya sumpah yang diucapkan di bawah tekanan waktu dan emosi yang masih menggantung.Matthias tidak memberi kesempatan pada siapa pun untuk menunda lebih lama. Begitu mereka berdiri di altar, suaranya tegas saat mengucapkan janji pernikahan, matanya tak sekalipun beralih dari Selena.“Dengan ini, kalian resmi menjadi suami istri”Matthias tidak menunggu aba-aba untuk mencium Selena. Bibirnya langsung menekan bibir Selena, mendominasi, menegaskan kepemilikannya di depan semua orang yang hadir.Sorakan kecil terdengar dari beberapa tamu, tetapi Matthias tidak peduli. Dia hanya menarik Selena lebih dekat, menyalurkan emosi yang tidak bisa dia ungkapkan dengan kata-kata.Begitu mereka masuk ke dalam mobil, keheningan menyelimuti mereka. Matthias duduk di sampingnya, tangannya tidak pernah lepas dari tubuh Selena—entah menggenggam jemarinya atau sek
Selena menatap dirinya di cermin, jantungnya berdebar tidak karuan.Gaun putih itu terasa begitu indah di tubuhnya, tetapi berat di hatinya. Bukan karena dia tidak ingin pernikahan ini terjadi, tetapi karena semuanya masih terasa seperti mimpi yang belum bisa ia pahami sepenuhnya.Pintu ruang rias terbuka, dan Lumia masuk dengan senyum lembut."Sayang..." suara ibunya penuh kasih, tetapi ada sedikit kegelisahan di dalamnya. "Sudah waktunya."Selena menelan ludah, mencoba mengatur emosinya."Kau baik-baik saja?" tanya Lumia, mengulurkan tangan untuk menggenggam jemari putrinya.Selena menatap tangan mereka yang bertaut, lalu mengangguk pelan. "Aku... aku tidak tahu, Mom."Lumia tersenyum kecil. "Pernikahan tidak pernah mudah, Selena. Tapi yang perlu kau tanyakan pada dirimu sendiri hanyalah satu hal—apakah kau ingin hidup tanpanya?"Selena mengangkat wajahnya, menatap bayangannya sendiri di cermin.Apakah dia bisa h
Kesalahan Dylan adalah tak mengenalkan dunia mereka pada putrinyaKesalahan Lumia adalah tak memberitahu identitasnya pada SelenaDan kesalahan Matthias adalah melecehkannya bahkan mengenalkan Selena pada dunia dengan cara yang keliru.Selena seharusnya tahu sejak awal.Seharusnya dia mengerti bahwa dunia tempatnya hidup bukanlah dunia normal.Dunia mereka gelap. Kotor. Berdarah.Tidak ada keadilan di sini, hanya kekuasaan dan kelangsungan hidup.Tapi Dylan ingin melindunginya.Lumia ingin menjaganya.Dan Matthias... Matthias ingin memilikinya.Selama ini, semua orang mengambil keputusan untuknya. Mereka membungkusnya dalam kebohongan manis, berpikir itu akan membuatnya aman. Tapi justru itu yang membuatnya semakin rapuh.Selena menatap Matthias yang masih memeluknya erat di dapur.Pria itu adalah kesalahan terbesar dalam hidupnya.Dan pada saat yang sama, satu-satunya tempat dia bisa berpulang."Matthias" gumamnya pelan."Hm?""Aku ingin mati saja..."Matthias membeku.Tubuhnya yang
Selena berjalan mondar-mandir di kamar, kepalanya dipenuhi oleh berbagai pikiran yang saling bertubrukan. Ponselnya tergenggam erat di tangan, dan dia menekan nomor Hiriety dengan gerakan cepat. Dering pertama hingga ketiga tidak diangkat, membuat Selena semakin frustrasi.“Ayo, Hiri
Selena baru selesai berganti pakaian saat mendengar ketukan keras di pintu kamarnya "APA?!" Selena berteriak, melepaskan amarahnya ketika pintu terbuka dan menampilkan sosok Matthias "Kau bilang tak akan mengganggu selama tinggal di sini."“Kau menciumnya?” katanya dengan suara rendah dan mengancam
“Selena Sayang”“Mark!” Ekspresi Selena langsung berbinar saat melihat Mark menunggu di dekat mobilnya. Ia berlari kecil menghampiri pria itu, senyumnya tak pernah semanis ini setelah hari yang melelahkan.Mark membuka pint
“Kakak tinggal disini saja”DUAR!! Pernyataan sepihak yang dilontarkan Hiriety jelas memicu lonjakan emosi dalam diri Selena. Matanya membelalak, sementara Matthias yang duduk di sofa seberangnya menaikkan alis, senyuman samar terlukis di wajahnya, menikmati situasi yang jelas akan meledak.“Rie, k






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