Relatos Prohibidos
No obstante, al girar, papá y mamá estaban ahí y me reprocharon por no darles el bebé que debía ser su nieto, por quitarles la oportunidad de ser abuelos, de hacer feliz a su única hija y…
El mundo dio vueltas, tantas, que el mareo ascendió por mi cuerpo hasta arrancar los cimientos de mi psique, hasta que la bilis arañó mi garganta y estuve a punto de vomitar.
―¿Te sientes bien? ―preguntó Georgia en el último tramo de las escaleras, mirándome con atención y fingida preocupación.
Mi estómago dio una voltereta, el planeta se detuvo y todo lo que vi fue a una hiena que me cambiaría por un céntimo a un hombre perverso para que me hiciera lo impensable. No, ella no era mi salvadora, no era mi he