OBSESIVO
Cuando habló, su voz era temblorosa.
—Eres indiferente a los sentimientos ajenos, no conoces la culpa ni el remordimiento, desprecias incluso a tus padres, y nunca has manifestado empatía por otros. ¿No es suficiente, hijo? Nunca has amado a nadie, ni a tu madre, ¿pero ahora dices vivir adorando a esta chica?
Miré por un resquicio, justo a tiempo para ver a Abraham, mucho más bajo que su hijastro, pararse delante de este y mirarlo directamente a la cara.