OJO por OJO, A Tu Hija Me La...
Y una cerecita, dura.
¡Carolina no traía sostén! Me asusté, retiré la mano rápido, bajé la voz junto a su oído y le dije:
—Estás loca, soy el amigo de tu papá.
En ese momento, Carolina tenía la cara enrojecida y, con expresión de no aguantar más, me suplicó:
—Tío, en cuanto tomo me da comezón, ráscame un poquito, cúbreme con tu cuerpo, que mi papá no se dé cuenta.
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