La obsesión de Kael
Cuando alcanzó el umbral de la habitación, se quedó inmóvil unos segundos, observando.
Gema estaba inclinada sobre el cuerpo inmóvil de Lía, con el frasco destapado en la mano. Una sustancia densa, de tono blanquecino brillaba en su interior. Sus labios se movían, susurrando algo que Helena no alcanzaba a entender.
-¡¿Qué demonios estás haciendo?! -Rugió Helena desde la puerta.
La habitación estalló en caos.
Gema se giró de golpe, pero no con sorpresa… sino con furia contenida. Damiela, en cambio, soltó un grito y dio un paso hacia atrás, tropezando con una silla.