AMOR PERVERSO
Así que, con un nudo en la garganta y la dignidad hecha pedazos, asentí apenas y dije, afrontando mis consecuencias con los ojos nublados:
—Es un honor para mí, majestad… aceptar ser su esposa. De hecho, un privilegio… —mis labios vibraron y la mesa estalló en murmullos.
Mi madre me miró horrorizada, Amal no podía ni parpadear y Aarón…
Aarón me miró, no con sorpresa, sino con algo peor… Con fuego.
Y lo último que vi antes de apartar la vista de su rostro silencioso, frío y oscuro, fue una promesa brutal escrita en sus ojos.
“No he terminado contigo, apenas acabas de empezar a arder…”