LA ODALISCA Y EL PIRATA
Una mañana reverberante
Una voz cantarina,
Dorados rizos que ondean con el viento,
Como una lluvia de oro
Como el cálido sol veraniego,
Encarnación de la alegría,
Tierna, dulce, bella y lista
Su presencia reanima,
Como rica ambrosía
Resplandece de felicidad,
Aposento con su ánima,
Un espíritu que atesoro,
Es el alma de todo lugar,
Un universo en la palma de su mano
Y conforme su hermosa sonrisa
Sus largos y dorados cabellos amarillos,
Enternecedor entusiasmo de niña
Como un hada juguetona
Se desdibuja a lo lejos,
Lloran las flores su partida,
Y el trinar de los pájaros se acalla
Lindos gatos, juguetones y traviesos
Andaregueando por los callejones y los páramos y los tejados