AMOR PARA DOS
Porque, es decir, si no era porque él decidió jugar con todas las enfermeras que se lo permitieron, sin comprometerse con nadie, definitivamente no habría terminado con la reputación que ahora tenía; y, sin esa reputación, definitivamente, Emilia no habría descartado por completo sus sentimientos cuando los declaró.
» Pero sí la amo —aseguró Alejo Díaz, comenzando a lagrimear—. La amo demasiado... La amo como jamás había amado a nadie...
La chica a su lado, una joven de cabello café claro, casi rubio, y ojos azules, respiró profundo, demasiado profundo mientras seguía jugando con su cabello liso y largo, cosa que hacía todo el tiempo, más por manía que por gusto; aunque, si debía señalarlo,