Cruce de Dos mundos Ancestrales
¿No sientes nada en absoluto?
—¡Me gustas! ¡Me vuelves loco! Te deseo como a nadie en este mundo —exclamó, acercándose a mí—, pero no sé qué es amar... ¿Tú lo sabes?
Deseo, esa palabra estaba ahí otra vez, no era amor. Pero su última pregunta fue un golpe de realidad que me sacudió los cimientos. Me quedé muda. ¿Cómo era amar? ¿Qué se sentía exactamente? Durante meses, nuestra relación había sido una coreografía perfecta de sexo, trabajo y compañía silenciosa. Pero ninguno había dicho jamás «te amo». No porque nos estuviéramos conteniendo, sino porque, quizás, lo que sentíamos era puro deseo, una atracción química y espiritual que no habíamos aprendido a nombrar como amor.