La Profesora del hijo del CEO
Toma el sobre por tercera vez, lo destapa, saca el papel, lo desdobla y comienza a leer:
“Querida y amada Anna, no quiero molestarte, ni causarte ningún inconveniente, tampoco espero recibir respuesta alguna de tu parte; mas, moría con ganas de saber de ti y de que sepas que sigues dentro de mi corazón y mus pensamientos. No sé, en que parte nos perdimos, en qué momento dejaste de amarme, tampoco si aquella omisión de mi parte, era suficiente como para desmoronar en un segundo lo que sentías por mí. No quiero que te sientas juzgada por mis palabras, pues soy yo el principal culpable de todo lo que pasó entre nosotros. Lo arruine, arruiné la felicidad con mi silencio. Pero no puedo dejar de d