LA OBSESIÓN DEL EMPERADOR
Sin embargo, por toda la adrenalina en su cuerpo, la joven tenía otros planes, y Corono los adivinó cuando su amada, que se acercó a él con timidez, le besó suavemente hasta que ambos terminaron con las respiraciones descompasadas y los corazones latiendo a mil por hora.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Corono, rodeando la cintura de la joven con sus brazos, pegándola a su cuerpo y, al verla asentir, la tiró en la cama, quedando sobre de ella—, entonces hagámoslo.
Un nuevo beso dio inicio, que con el tiempo y las ansias terminó por dejarlos sin respiración, por eso se separaron y se miraron agitados y con los ojos ardiendo de deseo.