Obligada a tener el hijo del billonario
Intento replicar, luchar, zafarme de su fuerza, pero es imposible.
En ese instante, Héctor se inclina y une sus labios con los míos. Es un beso apasionado, intenso, agresivo, diferente a cualquier otro que haya experimentado. Su fuerza y determinación me obligan a retroceder, pero al mismo tiempo, una parte de mí no puede evitar sentirse atrapada, confundida, y extrañamente viva ante la intensidad del contacto. Cada músculo de mi cuerpo se tensa, mis manos buscan su rostro, mis piernas tiemblan, y mi corazón late de manera desenfrenada mientras el mundo a nuestro alrededor parece desaparecer.