El CEO atrapó a la curvy
Dulce era la calma antes de la tormenta y, si alguien se atrevía a tocar lo que ella amaba, también era el huracán que arrasaba con todo y por supuesto que, a su lado, tres hombres que hacían temblar al submundo al completo la flanqueaban, la cubrían, la idolatraban.
Eros Ángel, el asesino innato, de movimientos precisos, de mirada fría, de historial manchado con muertes que nunca llegaron a aparecer en ningún expediente, el tipo de hombre que podía sonreír amablemente en una cena y, al minuto siguiente, arrancarle la vida a alguien sin pestañear, ese que una vez fue un Bach, un Zabet, aunque finalmente demostró ser un Ángel, y que tanto cargaba en la genética