ENTRE SOMBRAS Y CENIZAS
hazlo tú.
La bebé, al sentir el clic del juguete cayendo dentro de la caja, aplaudió con entusiasmo, golpeando sus manos descoordinadamente y soltando una risa cristalina que resonó en toda la habitación. Luego, se giró y apoyó su cabecita contra el pecho de Gabrielle, buscando su aprobación. El niño sonrió de lado, un reflejo exacto de la sonrisa de su padre, y le plantó un beso tierno en la frente, rodeándola con sus brazos como si fuera el tesoro más valioso del imperio.