Unidos por un bebé
—Hola, enano —contestó sonriente, mientras le acariciaba una mejilla con el dedo.
En cuanto Sebastian le tocó, Steve se apartó bruscamente y se escondió en el cuello de Madison, con cierta timidez.
—¿Steve? Vamos, dile hola a Sebastian —dijo la pelinegra, entre divertida y extrañada por la reacción del bebé.
Ella le agarraba una manita para que hiciera un pequeño saludo con la mano, pero Steve se le resistía soltando pequeños quejidos de negación.