FREYA
Me dan tantas ganas de comermelo a besos.
Sonreí, sosteniendo al pequeño bebé entre mis brazos. Con casi seis meses era un bebé enorme, regordete y tan hermoso que, así como acababa de decir mi amiga, daban ganas de comérselo a besos. Era un angelito bello que inspiraba ternura y amor, con esas sonrisas que nos regalaba, esos hermosos ojos azules y con la simple inocencia y ternura que un ser tan pequeño y puro transmitía.