LA ENFERMERA DEL MAFIOSO
Shhh, ya no llores.
La bebé, sintiendo el calor y el aroma familiar de su padre, bajó la intensidad de su llanto, hipnotizada por la voz ronca que la calmaba. Ángelo probó la temperatura de la leche en su muñeca y, con una destreza perfecta, le acomodó el biberón en la boquita. La pequeña comenzó a succionar con avidez, sosteniéndose con sus pequeños dedos del gran pulgar de su papá.