Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches
Letícia acababa de mudarse al apartamento 12B. A sus veintiséis años, tenía un cuerpo que volvía locos a los hombres: hacía ejercicio cuatro veces por semana, pero no renunciaba a una buena feijoada ni a una cucharada de brigadeiro. El resultado era una piel firme, suave y curvilínea. Sus pechos eran grandes, pesados y naturales, de esos que se balanceaban libremente bajo la fina camiseta blanca de algodón que llevaba puesta, sin sujetador. Sus pezones oscuros resaltaban sobre la tela como dos botones que suplicaban ser besados. Sus nalgas eran redondas y firmes, de esas que hacían que cualquier hombre volteara la cabeza e imaginara cómo sería enterrar la cara allí y lamerla hasta que ella s