SEDÚCEME SI TE ATREVES
Valentina
La música de cumbia barata martillea un ritmo desesperado contra las paredes de la Cantina La Última Lágrima. El aire está saturado, una sopa grasienta de olores a cerveza derramada, tabaco frío y fritanga rancia. Serpenteo entre las mesas, una bandeja cargada de botellas de Tecate y pequeños cuencos de cacahuates pegajosos que se me adhieren a los dedos. Mi vestido, una blusa negra vieja demasiado ajustada, está húmedo bajo los brazos, en la parte baja de la espalda. Una segunda piel miserable. Aquí no soy Valentina, la chica que soñaba con pintar cielos inmensos sobre grandes lienzos blancos. Aquí soy la güera, la mesera, un elemento del decorado, tan invisible e intercambiable c