Bajo el Mismo Contrato
Algo que lo hacía más peligroso.
Porque ahora no estaba escribiendo por obligación, sino por decisión.
Pero antes de que pudiera decir algo, el estruendo de un disparo rompió el silencio.
El Ataque
El cristal de una ventana estalló en mil pedazos.
Luciana se lanzó al suelo por instinto, sintiendo cómo Alexander la empujaba con fuerza, protegiéndola con su propio cuerpo.
—¡Mierda! —gruñó Alexander, tomando su laptop y metiéndola en una mochila.