OPUESTOS
—preguntó Fernanda, comenzando a escuchar ecos, sin siquiera pensar en luchar, porque la otra le soltara, no le quedaban fuerzas ni para un forcejeo—, pero si soy tu amada nieta, abuelita.
La palabra abuelita convirtió a la elegante Regina Robles de Marmolejo en una fiera iracunda y, tras presionar con mucha fuerza el brazo de la chica, que sostenía, la empujó a un sillón, provocando que Fernanda se golpeara contra el respaldo de madera que tenía este.
Fernanda, inevitablemente, perdió la consciencia, y Regina aprovecharía tal acontecimiento para terminar de una vez y para siempre con la molestia que eran ese trío.